miércoles, 1 de octubre de 2008

Rucci y el temblor en el kiosco guerrillero

Dos días después de que el electorado argentino consagrara nuevamente a Perón como Presidente de la Nación, el 28 de septiembre de 1973, José Ignacio Rucci, líder de la Confederación General del Trabajo y uno de los más fieles colaboradores de Juan Domingo Perón, fue acribillado a balazos al salir de su domicilio particular en la Ciudad de Buenos Aires.

Ese crimen conmovió a todo el país por lo brutal y por ser un claro mensaje mafioso para Perón, quien se mostró muy dolido por el asesinato de uno de sus más encumbrados acólitos.
Hacía poco que Perón había regresado a la Argentina y estaba reorganizando su propio partido político en un clima turbulento tanto en esta parte del continente americano como en el seno del Partido Justicialista.

Perón mandó a Cámpora, títere suyo y ex Presidente de la Nación, para apaciguar al movimiento peronista, especialmente a los Montoneros. Aunque los había alentado desde su exilio en España, el fundador del Partido Justicialista daba después señales a su gente de que el camino de las armas no era el indicado, dada la necesidad de abandonar la escalada de violencia perpretada desde la guerrilla.

Surgido de la Unión Obrera Metalúrgica de San Nicolás, Rucci tuvo a su cargo la ardua tarea de unificar al movimiento obrero que se estaba dividiendo entre lo que pedía Perón y los que se aferraban a la lucha subversiva.

Dentro del peronismo, los Montoneros era el sector armado, más combativo y cercano al comunismo, puso en jaque la paz social de nuestro país con sus atentados, secuestros extorsivos y asesinatos de los más cobardes y crueles. Gozaban de una relativa popularidad y habían obtenido espacios de poder tanto en el Gobierno Nacional como en algunos gobiernos provinciales. Con el regreso del caudillo a nuestro país, los Montoneros, liderados por Mario Firmenich, no toleraban (¿alguien conoce a algún comunista que sea tolerante?) la posibilidad de un acercamiento de Perón al sector de la derecha. Es probable que por eso mataron a Rucci: para intimidar a Juan Domingo Perón y enrostrarle a su mentor todo su poderío.

El salvaje asesinato de Rucci tuvo efectos tal vez no deseados por los (criminales) Montoneros ya que, acto seguido, preso del dolor y la rabia, Perón los echó de Plaza de Mayo tildándolos de "infiltrados, traidores y mercenarios". Asimismo, ese atentado provocó el inicio del oscuro accionar (hasta ahora impune) de la Triple A comandada por López Rega y, posteriormente, el Golpe de Estado que lideró el Gral. Jorge Rafael Videla. Paulatinamente, los guerrilleros fueron perdiendo sus espacios de poder para quedar reducidos a la clandestinidad... hasta que Néstor Carlos Kirchner asumió la Presidencia de la Nación en el 2003.

Cuidando el kiosquito de la "memoria" y los "derechos humanos"

A pedido de los familiares de José Ignacio Rucci y por disposición del Juez Federal Ariel Lijo se dispuso la reapertura de la investigación de este salvaje crimen.

Esta decisión de un magistrado cayó muy mal en maléficos personajes que, de la mano del kirchnerismo y a pesar de haber incursionado en el terrorismo, han ganado espacios de privilegio en el mundo kirchnerista gracias a suculentos subsidios y la escandalosa distorción de la historia reciente de la Argentina en donde se pretende imponer que todo lo que hicieron los militares entre 1976 y 1983 es crimen y todos lo que se les opusieron fueron "jóvenes idealistas" que fueron víctimas del "terrorismo de Estado".

Delincuentes impunes como Horacio Verbitsky, Nilda Garré, Carlos Kunkel, Miguel Bonasso, Eduardo Luis Duhalde, Felisa Miceli, entre otros, que hoy gozan de privilegios harán hasta lo imposible para que casos como éste no vuelvan del "olvido" y se preserve su peculiar forma de juzgar la historia argentina, continuando con esa burda mentira de los "30.000 desaparecidos".

Quien alzó su voz con su odio característico fue Hebe Pastor de Bonafini, la impertinente y autoritaria mandamás de las Madres de Plaza de Mayo, quien puso el grito en el cielo al enterarse de que la Presidente Cristina Fernández recibía a los hijos de Rucci. Con la repugnante continencia verbal que le es ya "marca registrada", la dirigente dijo que "Rucci fue un asesino que mató a montones de pibes y a otros los mandó a la muerte porque los denunció".

Espero que la investigación de este asesinato sea el inicio de una nueva y saludable actitud de parte de la Justicia Argentina. Así como se decidió, presiones políticas mediantes, revisar los Juicios a las Juntas Militares y condenar a militares que cometieron excesos, se juzgue también a todos esos subversivos que nunca quisieron un regimen democrático para la argentina, sino que quisieron imponer por la fuerza un regimen comunista. Ellos también deben pagar. Caiga quien caiga.

2 comentarios:

thegorila dijo...

Hola Mario. Cómo anda todo por San Juan ??
Que bueno sería que alguna vez se conociera la verdad desde todos los lados y pudiéramos abandonar la "verdad de folletín " esgrimida de acuerdo a la conveniencia.
Le dejo un saludo.

mario dijo...

Hola Gorila

Sin Justicia auténtica no podemos hablar de libertad, de democracia, de civismo en nuestro querido país.

Te mando un abrazo grande!

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