martes, 7 de octubre de 2008

Cuando pase el temblor

Los principales mercados del mundo se encuentran frente a una gran crisis financiera que causa gran preocupación a los gobiernos del denominado "Primer Mundo" (¿?), especialmente a los Estados Unidos.

George Walker Bush propuso desde el Poder Ejecutivo de los Estados Unidos un "Plan de Salvataje" consistente en el aporte de U$S 700.000 millones para salvaguardar el sistema financiero de ese país y, por consiguiente, intentar llevar un poco de tranquilidad a otros mercados. Aunque, en la opinión de distintos analistas, dicho salvataje no representará una solución al corto plazo para este problema, ya que se hace preciso recomponer la confianza dentro del mismo sistema bancario.

Se dio una polémica en la sociedad norteamericana debido a que una porción importante de su población no estaba del todo de acuerdo con la iniciativa de Bush. El tan mentado rescate de parte del fisco estadounidense significa que será, en definitiva, dinero los contribuyentes de aquel país que será destinado para rescatar a los bancos de la debacle en que están sumidos.

Esta crisis ha producido una gran desaceleración en el crecimiento de la economía estadounidense con el fantasma de la recesión a la vuelta de la esquina. Nos guste o no, Estados Unidos es el principal país del mundo dada su indudable liderazgo económico y cultural sobre el resto de las naciones; y esta crisis le implica un notable descenso en el nivel del consumo de bienes y servicios de los ciudadanos estadounidenses, lo que producirá una disminución en las importaciones de este país lo cual, inevitablemente, significará que dejará de comprar a otros países cuyas economías dependen casi exclusivamente de los Estados Unidos.

Se sabe que este poderoso país es uno de los principales demandantes de las materias primas que exportan países como la Argentina, como así también petróleo, lo cual producirá indefectiblemente una caída de los precios internacionales. La crisis financiera implicará también una disminución del dinero disponible para ser prestado a países "emergentes" y subdesarrollados. Europa y Japón, por cierto también muy influyentes en la economía mundial, no pueden permanecer ajenos a este crack financiero debido a sus fluidas relaciones comerciales y financieras que poseen con los Estados Unidos.

El mundo según Cris

Como ha sucedido con otros imperios fuertes de otras épocas de la historia de la humanidad, Estados Unidos es un país que genera muchos más rechazos (me incluyo) que adhesiones. Para los argentinos, siempre estuvo relacionado con el Fondo Monetario Internacional al que culturalmente se le cargan todas las culpas de nuestras "malarias" económicas como si los gobernantes no hubieran tenido responsabilidad al entregar el país.

Aún así, a pesar de la antipatía, miles de argentinos han partido hacia los Estados Unidos huyendo de nuestro propio país intentando encontrar un mejor pasar económico en detrimento de alejarse de sus familias y toda una cultura.

En estas últimas semanas, presa de su soberbia y cinismo, Cristina Elisabet Fernández parece festejar la caída de los mercados entremezclando más una cuestión ideológica y negando una realidad (cuando no...) que, de una u otra forma, nos afectará.

La baja en el consumo en los Estados Unidos afectará las importaciones de materias primas de los países que han "celebrado" una supuesta caída del capitalismo. Gobiernos como los de Hugo Chávez y el de Cristina Fernández que hablaron del "fin de un modelo" verán como sus recaudaciones se verán reducidas por la crisis de su principal comprador.

En el caso argentino, con esta crisis, peligra seriamente el tan festejado superavit comercial que sostiene la recaudación kirchnerista.

Por cuestiones ideológicas también, no faltan los que hablan del "fin del capitalismo" y el "ocaso del imperialismo estadounidense". Lo cierto es que nada más "natural" en la economía que los ciclos: hay años de expansión económica, es decir, del aumento del empleo de las fuerzas productivas con la consiguiente bonanza, como les suceden inevitablemente los años de recesión económica.

Si es o no el fin de Estados Unidos como primera potencia del mundo, nos resulte antipático o no, depende en gran medida de los mismos estadounidenses. Ya superaron otras crisis, como la del '30. Dependerá de la capacidad del próximo Presidente para poder administrar esta crisis favorablemente o, caso contrario, este país perderá su liderazgo mundial.

Seguramente, llegará el momento en que, tal como sucedió con otros imperios a lo largo de la historia de la humanidad, el liderazgo mundial de Estados Unidos desaparecerá. Y ahí será, seguramente, en que otra nación prevalecerá sobre las demás. Ningún dominio es eterno.

Por nuestra parte, más que festejar un supuessto derrumbe de Estados Unidos, la Argentina debe preocuparse más en atender nuestros problemas económicos empezando por reconocer la inflación y las nefastas consecuencias de la ridícula alteración del índice de precios al consumidor que ejecuta Guillermo "Patota" Moreno, el inefable Secretario de Comercio Interior. El riesgo país sigue subiendo y la Argentina sigue siendo muy poco confiable para inversionistas dada la inseguridad jurídica y política que padecemos.

4 comentarios:

PATTO dijo...

Es increible que nuestros dirigentes aprovechen esta oportunidad para atacar el Sistema de Libre Mercado. Por otro lado es ilógico pensar que nos vamos a sentar a un costado a ver como se desploma el mundo de los negocios y a nosotros no nos va a pasar nada!!!

republica dijo...

Siguen siendo tan "imberbes" como entonces.
Buenísimo el blog!

mario dijo...

El "efecto jazz" está haciendo bailar a la Presidenta, a su gobierno y a los argentinos en general. Pocas veces hubo una ironía que rebotara tan pronto contra su autor, autora en este caso, aunque ella no haya abandonado el púlpito todavía. Hasta hace 15 días, cuando Cristina Kirchner lanzó esa desdichada metáfora en Nueva York, el kirchnerismo sólo se ocupaba de pobres cuestiones electorales. Pobres al extremo de divagar sobre las futuras autoridades del PJ bonaerense y no sólo sobre las candidaturas legislativas de 2009.

Dicen que aquella definición de la crisis internacional por parte de la Presidenta surgió de una conversación de café, en Nueva York, con su esposo y algunos miembros de la comitiva. Hubo cierto regodeo, aseguran, en el análisis de una crisis que ellos consideraban encerrada en la primera economía del mundo. La anécdota describe con precisión los prejuicios ideológicos de los gobernantes argentinos frente a los Estados Unidos. Con todo, hay una conclusión más grave aún: retrata también la incapacidad argentina para entender un mundo globalizado. ¿Es posible una enorme crisis financiera en Wall Street sin contagiar hasta el último rincón del planeta? Imposible.

El precio de la soja, por ejemplo, está en el piso de la previsión presupuestaria. Las retenciones a las exportaciones de petróleo son móviles y han caído abruptamente en los últimos días. El valor de los alimentos seguirá también una curva descendente. Si la crisis internacional no toca fondo rápidamente, gobiernos y legisladores argentinos habrán estado peleando por un presupuesto que arderá en el fuego del colapso financiero.

A pesar de todo, eran mejores los tiempos del conflicto con el campo. Ese fue un enredo puramente político, pero dentro de un mundo que todavía compraba ansiosamente, y a buenos precios, todo lo que la Argentina produce. Fue, eso sí, una lamentable pérdida de tiempo y de dinero. Los alimentos que no se exportaron entonces, ya sea por la huelga campesina o por las prohibiciones oficiales, hoy cuestan mucho menos. El campo argentino también baila al ritmo del jazz y, como en el caso de la inicial crisis norteamericana, no dejará indemne al gobierno de Cristina Kirchner.

Los Kirchner se notificaron de que estaban bailando otra música cuando la bolsa de Buenos Aires cayó tanto como Wall Street y cuando el dólar se disparó a pesar de que se colocaron 40 millones de dólares en el mercado. En rigor, una especie de pánico se apoderó de los dirigentes oficiales argentinos cuando vieron caer a Europa en la sima de la crisis y cuando Brasil sufrió una importante salida de capitales y devaluó su moneda.

En una reunión de emergencia de ayer, el jefe de Gabinete, Sergio Massa, se mostró sorprendido por el sesgo dramático que usó el presidente francés, Nicolas Sarkozy, para convocar a una cumbre imprevista de las cuatro principales economías europeas.

El exiguo análisis argentino había señalado, antes de que se contagiaran Europa y Brasil, que la Argentina no está demasiado vinculada a la economía norteamericana. En efecto, sus exportaciones a los Estados Unidos no son importantes ni recibe de manera significativa remesas de argentinos que viven allí. No es, por ejemplo, el caso de México, cuyo principal socio comercial es, por lejos, su vecino del Norte. Los mexicanos residentes en los Estados Unidos envían, además, muchos millones de dólares a sus familiares que viven en el país de origen.

El "efecto jazz" comenzó a cambiar de sinfonía para la Argentina cuando tambaleó Europa, un destinatario importante de sus exportaciones, y más aún cuando trastabilló Brasil, su principal socio comercial. Un informe reservado adelantó al gobierno argentino que China podría crecer el año próximo al 7 por ciento, frente a un crecimiento del 11 por ciento en 2007. Estaríamos ante una notable desaceleración. China y la India son los grandes motores del consumo de alimentos y del aumento de los precios.

El penacho del poder había recibido con antelación varios informes que lo alertaron sobre la necesidad de tomar en serio lo que sólo merecía ironías. Ironías que ni siquiera fueron certeras, porque los efectos "tequila", "arroz" o "caipirinha", mencionados por Cristina Kirchner, fueron denominaciones creadas y usadas por la prensa o por los propios mercados, pero nunca por los gobiernos. De todos modos, ningún papel de alarma tuvo relevancia para los principales gobernantes argentinos hasta los últimos días.

Un sector del Gobierno está ahora promoviendo que la administración se "siente sobre la plata", es decir, sobre el gasto público. Las respuestas del matrimonio presidencial no han sido muy alentadoras al respecto. "El año próximo será un año electoral y el gasto será necesario", argumentaron muy cerca de los Kirchner. Ellos han mostrado desesperación en horas recientes para saber cómo y cuándo terminará la crisis. No hay respuestas.

Otra vertiente le planteó al matrimonio que debían desalentarse los aumentos salariales no previstos. "No habrá aumentos de esa naturaleza", respondieron los que oyen al matrimonio. Adiós, entonces, a los 500 pesos adicionales o al aguinaldo doble. Todo es relativo: los gremios son los únicos que tienen capacidad para hacer retroceder a los Kirchner sin crear un largo conflicto como el del campo. Ese mismo sector oficial está reclamando aumentos salariales para el año próximo por debajo de los aumentos del año en curso.

La Argentina necesita, además, de un ministro de Economía que sea confiable para la sociedad. Al país le pasa lo que al mundo: carece de liderazgos políticos, económicos y conceptuales capaces de provocar confianza en la gente común. El sistema que reconoce a Néstor Kirchner como jefe de facto de un equipo económico integrado por Julio De Vido, Guillermo Moreno y Carlos Fernández parece haberse agotado. La magnitud de la crisis internacional y sus seguras repercusiones en el país están necesitando algo más que lo que aporta esa cuadrilla. El jazz es una música que no la baila cualquiera.

(Diario La Nación 08-10-08)

Anónimo dijo...

Buen comentario (por la ironia) Mario

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