jueves, 30 de octubre de 2008

25 años de democracia en Argentina: ¿fin de las utopías?

El 30 de octubre de 1983 se celebraron elecciones generales por las cuales la ciudadanía argentina tuvo la posibilidad de elegir libremente a sus representantes. En dichos comicios, la Unión Cívica Radical obtuvo un histórico triunfo electoral consagrando a Raúl Ricardo Alfonsín y Víctor H. Martínez como Presidente y Vice Presidente de la Nación respectivamente.

Contra todos los pronósticos previos, la U.C.R. obtuvo el 51,7% de los votos imponiéndose al Partido Justicialista que había presentado a Ítalo Argentino Lúder y Deolindo Felipe Bittel como candidatos.

Después de la Guerra de Malvinas en 1982 las Juntas Militares ya desgastadas decidieron emprender un periodo de trancisión hacia la democracia. Después de algunas conversaciones, se consensuó que el Gral. Reinaldo Bignone era el indicado para ser el Presidente de la Nación que convocara finalmente a elecciones democráticas.

Los herederos de Juan Domingo Perón se mostraron muy confiados de su triunfo desde el primer momento; la confianza llegaba al punto tal que muchos querían ser los candidatos a Presidente por eesta fuerza, ya que daban por descontado que con solo presentarse ganarían cómodamente. Finalmente eligieron a Lúder, un prestigioso abogado constitucionalista de larga trayectoria en el partido fundado por Perón. Tal vez la cercana presencia de varios dirigentes gremiales como Lorenzo Miguel y, más que nada, el incontinente verbal Herminio Iglesias haya sido un factor decisivo para que el electorado no los apoyara masivamente.

Alfonsín tuvo un gran coraje para encarar su campaña electoral y fue el primer político de la historia argentina en dar importancia a la publicidad. Recurrió a David Ratto, un reconocido publicista para diseñar su modo para llegar a la gente; Alfonsín optó por un discurso efectivo y sin provocaciones a sus adversarios. Así fue que se crearon afiches en donde él se mostraba sonriente con su saludo distintivo que era tomar sus dos manos y levantarlas por sobre su hombro izquierdo.

Por el lado de la Unión Cívica Radical, Raúl Alfonsín obtuvo un abrumador apoyo para ser Presidente de dicho partido y luego ser ungido como candidato a Presidente de la Nación. Este dirigente oriundo de la ciudad bonaerense de Chascomús asumió la responsabilidad de liderar a los radicales para enfrentar al peronismo el cual, hasta ese momento, nunca había sido derrotado en elecciones nacionales.

Una vez consumado el histórico triunfo electoral de Alfonsín, el 10 de diciembre se inicaron 25 años de gobiernos democráticos en la República Argentina, algo totalmente inédito en su historia. El líder radical tuvo que luchar contra los militares y los sindicatos que intentaban una y otra vez minar la autoridad que el pueblo le había confiado.

A aquel gobierno de Alfonsín hay que reconocerle la virtud de haber luchado por la consolidación de las instituciones democráticas, lo que no es poco ya que esto no volvió a ser imitado ni por asomo en las sucesivas presidencias.

Como a los radicales no pudieron voltearlos con un nuevo golpe militar, se buscó "un golpe económico": una inescrupulosa suba de precios de la canasta básica que produjo un gran descontento en la población argentina. Después de aquella hiperinflación artificial que hirió mortalmente la Administración Alfonsín, llegó al poder Carlos Saúl Menem, entonces Gobernador de la Provincia de La Rioja. Acompañado en su fórmula por Eduardo Duhalde, el riojano se impuso en las elecciones celebradas el 14 de mayo de 1989 ante el candidato presidencial oficialista Eduardo Angeloz.

Con Menem se inauguró un nuevo periodo en la Argentina que estuvo signado por escandolosos hechos de corrupción, manipulación de jueces, muertes extrañas de testigos claves en causas que comprometían a su Gobierno, atentados terroristas en nuestro propio territorio, un increíblemente pésimo remate de empresas del Estado, una gran perjuicio contra la industria nacional y, más que nada, la gran introducción en la Argentina de capitales provenientes del narcotráfico con todo el mal que acarrea. Por otro lado, lo que fuera el gran estandarte menemista, la Ley de Convertibilidad mantuvo una paridad entre el peso y el dólar que permitió el acceso al crédito a miles de argentinos, lo que produjo un gran consumismo nacional. Muchos de los que hoy reniegan de aquella década menemista, en aquellos años festejaban aquel espejismo de ser del "primer mundo".

Luego del carnaval menemista, la gente optó por un cambio. Eso fue visto a tiempo por la oposición a Carlos Menem, quien no podía ser nuevamente candidato a Presidente. La Unión Cívica Radical, liderada por Fernando De La Rúa y Raúl Alfonsín, decidió unirse al Frente País Solidario, liderado por el "vende-humo" Carlos Chacho Álvarez y conformaron un desprolijo armado electoral al que llamaron simplemente "Alianza". Con el verso de la honestidad y la transparencia (eso sí, nada de algún plan de gobierno), le bastó a ese menjunge político para imponerse al binomio oficialista integrado por Eduardo Duhalde y ¡Ramón "Palito" Ortega!.

Lo cierto es que ese gobierno aliancista fue un caos desde principio a fin debido a que estaba integrado por gente especialista en criticar y denunciar hechos de corrupción pero nunca capacitada para gobernar y dirigir los destinos del país. Carlos "Chacho" Álvarez tuvo la imperdonable cobardía de huir del Gobierno denunciando (solo mediáticamente, nunca ante la Justicia) los patéticos sobornos en la Cámara de Senadores de la Nación, entre los que estaba el actual Gobernador de San Juan José Luis Gioja.

Poco tiempo después, en diciembre de 2001, devino el caos económico: además del peso, circulaban una infinidad de "monedas paralelas" como los LECOP, LECOR, Tickets Canasta, Tickets Accor, Patacones, etc. hasta que llegó el tristemente famoso "corralito" financiero creado para salvar a los bancos robando el dinero de los ahorristas argentinos. Fue la hora de los cacerolazos y un Presidente que se mostraba cada vez más ajeno a la crisis. Los máximos dirigentes peronistas activaron lo peor de la política: movilizaciones de desposeídos que protagonizaron saqueos (de computadoras, televisores... pocos alimentos se llevaron los muchachos). De La Rúa firmó su renuncia y huyó en helicoptero hacia su ostracismo político.

Los justicialistas se salieron con la suya pero los egos eran tan grandes que no se ponían de acuerdo respecto a quien debía hacerse con la Presidencia. Se sucedieron fugazmente al frente del Ejecutivo Nacional Ramón Puertas, Adolfo Rodríguez Saá (nos legó el default que padecemeos hasta el día de hoy) y Eduardo Camaño, hasta que Eduardo Alberto Duhalde llegó a la Presidencia de la Nación para calmar las aguas. La primera medida duhaldista fue traumática: a pedido de los industriales, decidió implementar una brutal devaluación del peso que terminaron pagando todos los argentinos.

Duhalde compró la paz social argentina gracias a los miles de Planes Jefas y Jefes de hogar con los que instauró un perverso clientelismo político en nuestro país con fondos obtenidos del Banco Interamericano de Desarrollo. Tuvo que negociar con los autodenomidos "dirigentes sociales" que no eran más que salteadores del poder que aprovecharon la confusión de las masas y lideraron los célebres piquetes.

Llegó el tiempo de llamar nuevamente a elecciones y el justicialismo (¡otra vez!) no acordaba quien podía ser su candidato. Dualde optó por bendecir a Néstor Carlos Kirchner, gobernador de Santa Cruz y casi desconocido en la escena política nacional. Por otro lado, Carlos Menem y Adolfo Rodríguez Saá, no claudicaban en sus ambiciones y se negaban a dejar de ser candidatos. Fue entonces que Duhalde trasladó el problema interno de su partido al resto del electorado y permitió que tres candidatos presidenciales de un mismo partido se presentaran simultáneamente a las elecciones que se celebraron el 27 de abril de 2003.

Las preferencias de la ciudadanía argentina quedó muy fragmentada: Menem ganó aquellas elecciones con el 24,3% de los votos con escaso margen sobre Kirchner que obtuvo un magro 22%. Ambos debían concurrir al ballotage pero el riojano desistió ante la evidencia de que perdería más por el rechazo que despertaba su propia figura más que la adhesión que podría haber para con el santacruceño.

Kirchner asumió la Presidencia de la Nación el 25 de mayo de 2003 y rápidamente renegó de su mentor político, Eduardo Duhalde, lo que generó virtualmente una fractura en el Partido Justicialista. El patagónico dirigió el país férreamente y logró ir acumulando poder con el paso de los meses, sabiendo capitalizar la bonanza de los mercados exteriores que le permitió recaudar dinero que destinó a planes y programas sociales que no siempre cumplieron con su cometido.

Volvieron los casos de corrupción, esta vez en la gestión de Kirchner. La política exterior fue de aislamiento cada vez más acentuado y un acercamiento peligroso al tirano Presidente de Venezuela Hugo Chávez, quien proveyó suculentos subsidios a las huestes kirchneristas.

Cristina Fernández, Primera Dama, fue luego la candidata a Presidente de la Nación en el año 2007. Fernández casi no tuvo discursos ni contactos con la prensa durante su campaña y se la pasó viajando por el exterior en el Tango 01 que es propiedad del Estado Nacional (y no de los Kirchner).

El 28 de octuibre de 2007, la fórmula presidencial integrada pro Cristina Elisabet Fernández y Julio César Cleto Cobos triunfó con un 45,29% contra el 22,04,% obtenidos por Elisa Carió, líder de la Coalición Cívica. Esas elecciones se caracterizaron por serias sospechas de fraude, como así también fue la que registró la mayor cantidad de abstenciones y votos en blanco.

Si bien asumió con un alto grado de popularidad, rápidamente la Presidente Fernández perdió apoyo en la población debido a su delirante forma de gobernar. Sumado a esto, la evidente torpeza política de Néstor Kirchner para condudir al resurgido partido Justicialista que no hicieron más que poner en jaque la gobernabilidad de la Argentina, más que nada por defectos propios que por virtudes ajenas.


Entonces... ¿festejamos o no festejamos?

Mirando desde el año 1983 hasta este 2008, cabe preguntarse si nuestra democracia ha evolucionado, o no.

Personalmente, observo el peligroso debilitamiento institucional de la Argentina. Un Poder Judicial siempre prostituido con el poder político de turno, que siempre investiga casos de corrupción de gestiones anteriores, nunca de la actual; las fuerzas de seguridad desprestigiadas y despreciadas pro la misma gente; una creciente desconfianza en la dirigencia polítca; un creciente descontento y desilusión para con el futuro.

Tenemos para celebrar 25 años de democracia en la Argentina. Mal que nos pese, con todo lo que le podemos criticar al sistema democrático, es sin dudas el mejor sistema de gobierno que existe acutalmente.

Los argentinos debemos abandonar dos tristes característas que nos han caracterizado: el "no-te-metás" y el no hacerse cargo de los males propios. Es tarea de todos recuperar el compromiso con el país, la capacidad de trabajar por el interés social y la fe en nosotros mismos... ¿quién dijo que todo está perdido?

4 comentarios:

Anónimo dijo...

OJO!!! El vice presidente es Julio Cobos y no Scioli es verdad es el que va como perrito faldero a todos lado con la presidente y qeu Julio nos esta salvando de cada una que parece opositor.

mario dijo...

Un furcio, ya está corregido. Gracias por el aporte!
Saludos!

Enzo Troiano dijo...

Pienso como vos, la tenemos pero no la aprovechamos.

mario dijo...

La democracia misma tiene graves fallas como sistema de gobierno: la a gente se puede convertir fácilmente en masas fácilmente manipulables.

Pero bueno, dados los sistemas actuales de gobierno que existen, la democracia es lo mejor.

Saludos!

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