martes, 2 de septiembre de 2008

La política, un mal de nuestro tiempo

Por HORACIO B. VIDELA (Colaboración)

La historia, además de guardar hechos y acontecimientos para que los conozcan las generaciones futuras, tiene una función social singularmente trascendente, tal lo es brindar lecciones para que los dirigentes sociales de hoy rectifiquen sus procederes con el sólo fin de que su tarea primordial: “tender el bien común”, sea lo más eficaz posible.

Pero esta regla, se da de cara con aquella vieja sentencia de nuestros abuelos, que dice “…el hombre es el único animal en la naturaleza capaz de tropezar dos veces con la misma piedra…”. Y ello es así porque, pese a los mil ejemplos que nos marcan los tiempos, es muy poco observada por los políticos contemporáneos, que aún se manejan con viejas normas desde nuestra organización institucional, cuando la palabra del caudillo de turno era sagrada y de tal poder, que nadie se atrevía a contradecir.

De allí que los desaciertos de las clases políticas de los últimos cincuenta o sesenta años, nos llevaron a dilapidar excelentes oportunidades para colocar a la Argentina entre los países más prósperos y avanzados de la Tierra. En todas ellas se advirtió un error común: gobernar de espaldas a lo que realmente prometieron en sus campañas proselitistas y, por consecuencia, sin oír las voces del pueblo (partidarios y no partidarios), que reclamaban cosas distintas a las plasmadas en erróneas gestiones.

Recientemente esa historia de que hablo al principio, nos dio un ejemplo en el aún latente desencuentro entre la dirigencia del campo y el gobierno nacional. Desde ya no me pondré de parte de ninguna de las fracciones en pugna, porque los dos sectores enfrentados tienen sus culpas en que el país haya experimentado un retroceso en su evolución hacia horizontes más prometedores.

Primero, no es admisible que el gobierno kirchnerista haya pretendido solucionar sus urgentes necesidades de caja, apelando a confiscar las excelentes ganancias que estaban logrando los productos agro – ganaderos merced a excelentes condiciones brindadas por los mercados internacionales a raíz de la crisis alimentaria mundial.

Las retenciones móviles a las exportaciones son injustas e inadmisibles, particularmente por la forma en que se implementó ese mecanismo tributario, con un contenido de mucha desigualdad porque solamente un sector fue gravado, cuando en la economía de un país inciden diversos sectores, incluso, más rentables que el campo.

Pero también la auto defensa de la dirigencia rural no fue lo más apropiada a las circunstancias, ya que los hombres del campo prácticamente tomaron de rehén al pueblo argentino, para presionar en procura de sus reivindicaciones. Consecuencia, las privaciones de todo tipo llegaron al hombre común que nada tenía que ver con el conflicto y la Argentina perdió de vender grandes cantidades de productos que podrían haber aportado ingresos muy necesarios para sostener el desarrollo de la Nación.

Y aquí viene la reflexión política, que nos marca una verdad incontrastable: los viejos partidos han caído en la obsolescencia. La política argentina se quedó en el tiempo y no marcó la evolución que todos esperábamos desde la profunda crisis de 2001. Como producto de ello, tanto los sectores “K” como la oposición, sea del signo que sea, han caído en la atomización llevados por intereses particulares, de modo que casi toda la ciudadanía transita por la peligrosa cornisa de la anarquía,sin rumbo y sin objetivos precisos en el corto y mediano plazo.

De modo que fracasada, una vez más, la política y sus vetusto andamiaje, hoy aparecen grupos que lejos de sus objetivos primarios, intentan meterse en el duro terreno político, en actitudes que, se me ocurre, son de verdadera autodefensa, y no como una real vocación de servicio. Y así los dirigentes Alfredo De Angeli y Eduardo Buzzi, de la Federación Agraria Argentina, entre bambalinas admiten que entrarán al ruedo de las urnas, en procura de una representación que no les brinda actualmente ningún partido político. Entonces, no podemos menos que alarmarnos, porque del bipartidismo tradicional es posible que pasemos a un multipartidismo efectivo, que no hará más que debilitar nuestra democracia, con las voluntades cívicas desperdigadas y por tanto, dejando al país en manos de los pretendidos mesías, que tienen cautivo un buen caudal de votos merced a promesas guardadas en la billetera oficial.

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