jueves, 4 de septiembre de 2008

En vías a la anarquía

En el día de hoy, los argentinos hemos sido testigos del increíble incendio del Tren Sarmiento sobre las ocho de la mañana en el conurbano bonaerense.

Según informa el Diario La Nación en su edición digital, todo comenzó hoy cerca de las 8, cuando un servicio que había partido a las 6.45 de Moreno hacia Once se detuvo entre las estaciones de Ituzaingó y Castelar. "La formación N° 5 quedó detenida debido a que sufrió un sabotaje en la cabina de control electrónico ubicada en un gabinete cerrado en uno de sus coches", señaló la concesionaria TBA en un comunicado.

Luego de las habituales y exageradas demoras en el viaje, los pasajeros desataron su furia provocando destrozos al tren, los cuales representarán un millonario gasto para la empresa concesionaria.

Confluyen varios factores que hicieron que esta situación explotara de esta manera. Trenes en pésimo estado, pasajeros viajando a diario en condiciones inhumanas, empresarios que evitan invertir en mantenimiento, un Estado ausente a la hora de velar por la seguridad de los ciudadanos y el proyecto del tren bala dando vueltas que no hace más que irritar a los usuarios de los trenes.

La empresa en cuestión es TBA, la cual es propiedad de la familia Cirigliano, familia que a su vez es titular del ramal Mitre concentrando el 40% del total de pasajeros que diariamente viaja en tren en Buenos Aires. Es sabido que como toda empresa concesionaria de servicio público de transporte, el grupo Cirigliano recibe anualmente millonarios subsidios del Estado Nacional para mitigar el costo del servicio y, fundamentalmente, que los ciudadanos bonaerenses sigan pagando tarifas bajísimas en sus traslados.

Ni lerdo ni perezoso, el Gobierno Nacional, a través de sus (ineptos) Ministros Aníbal Fernández y Florencio Randazzo, deslindaron responsabilidades y cargaron culpas contra Quebracho y el Partido Obrero, agrupaciones de tinte comunista. Fernández, Ministro de Justicia, asegura tener filmaciones de los disturbios que sustentarían sus dichos.

El discurso kirchnerista es, una vez más, hipócrita. Cristina Fernández y Néstor Kirchner han repetido hasta el cansancio estar del "lado del pueblo" y en contra de las oligarquías... pero más les obsesiona el proyecto del Tren de Alta Velocidad, el cual tendrá un costo del pasaje alto (inaccesible para la mayoría del pueblo) pero no se hace cargo del mantenimiento de los medios de transporte que millones de argentinos usan a diario en Buenos Aires, como así también dejaron que se desmantelen los ramales del Interior (los Kirchner eran de los que aplaudían a Menem cuando el riojano cerraba ferrocarriles).

Por su parte, la agrupación Quebracho se defendió de las acusaciones oficiales comunicando que "El Gobierno necesita buscar culpables, pero el único culpable es el propio Gobierno que sostiene la privatización de los ferrocarriles, que mantiene los negociados con las empresas privatistas, que anuncia la construcción de un tren bala cuando hay millones de argentinos en el gran Buenos Aires que viajan como ganado, cuando hay miles de pueblos del interior de nuestro país que están incomunicados porque las vías fueron cerradas". A su vez, la gente del Partido Obrero se desligó de estos tristes sucesos y manifestó que "Es la actitud habitual y permanente del gobierno nacional, que pretende tapar su responsabilidad en el colapso en que se encuentra el transporte y presentar como una conspiración lo que no es otra cosa que una legítima protesta y reacción popular".

Todo me parece confuso y no quisiera aventurarme a emitir una opinión acerca de estos hechos que se dieron en el Gran Buenos Aires y, como todo lo que pasa en esa zona del país, se termina "nacionalizando" el drama.

El kirchnerismo vuelve a pecar de soberbia al no hacerse cargo de las responsabilidades que le tocan y demonizar a cualquiera que se le cruce por el camino. El negocio del transporte no está bien administrado en la Argentina: hoy en día, cualquier empresario concesionario presiona para gestionar subsidios (con algunos "vueltos" para los funcionarios que los concedan, claro) para evitar subas en las tarifas de sus servicios que generarán la antipatía de los usuarios (que son votos para los políticos).

A unos 1100 kilómetros de distancia, considero justo el reclamo de los usuarios del servicio de trenes. Pero, diferenciándome de lo irresponsablemente expresado por Quebracho y el Partido Obrero, me parece totalmente injustificada la manera en que ese reclamo ha sido exteriorizado: nada justifica los destrozos, eso no habla de un pueblo civilizado.

Más peligroso me parece que en este país cualquiera corta una ruta, cualquiera toma una comisaría, cualquiera destruye un peaje, cualquiera atenta contra algún edificio público o privado... y no pasa nada: nadie va preso. Quien debe garantizar el libre ejercicio de los derechos de los argentinos es el Estado... pero parece que teme poner orden para evitar ser tildado como fascista (con su intolerancia ideológica, ya lo es).

El país está sumiéndose en una peligrosa anarquía y los derechos de todos y cada uno de nosotros quedan desprotegidos por la inacción estatal y la prepotencia de los que inician los desmanes.

(fuente: www.lanacion.com.ar)

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