martes, 3 de junio de 2008

Uso del teléfono celular: ¿quién domina a quién?

Las compañías de telefonía celulares afinan cada vez más sus estrategias para captar a los adolescentes y niños como sus nuevos clientes para sus equipos y líneas. Cada vez se incorporan nuevos servicios adicionales (acceso a Internet, reproductores de mp3, juegos, cámara de foto y filmadora, radio, más que lo vendrán) que no solo les fabrican la necesidad de tener un celular, sino que además, se los presiona para que vayan cambiando el aparato cada vez más seguido.

Con el pretexto de que "ayuda" a la comunicación entre padres e hijos cuando están en diferentes sitios, muchos padres optan por comprarles a sus hijos un teléfono celular. Los padres suelen verlo como un recurso útil para ubicar a sus hijos en todo momento y en cualquier lugar. Lo que no siempre se mide es hasta qué punto el teléfono se convierte en un juguete adictivo para el niño, que capta su atención prácticamente a toda hora del día, con el cual pueden intercambiar mensajes y materiales no siempre constructivos para su crecimiento, con el aliciente de que pueden estar fuera de la supervisión de sus padres. El celular puede ser un canal de transmisión de contenidos eróticos y/o pornográficos, o de juegos o bromas de pésimo gusto que nada tienen de educativo para nuestros jóvenes.

Los chicos pueden ser víctimas de su propio consumismo al dejarse atraer por esas empresas que venden servicios horóscopos, ringtones, imágenes, videos, "consejos" de todo tipo, como también participar de concursos de programas de radio o televisión, quienes cobran un alto costo por mensaje enviado.

Se generan también inconvenientes en los establecimientos educativos adonde concurren los niños y adolescentes con sus celulares; es patético ver como les genera una gran ansiedad que hace que, en muchos casos, los púberes no pueden esperar al recreo y se dejan hinoptizar por esos aparatitos mandando o recibiendo mensajes de texto o entreteniéndose con los "ringtones". No son pocos los docentes que se quejan de cuánto se distraen sus alumnos por estar pendientes de sus celulares.

Según el portal EducaRed, Los datos manejados por la consultora Price & Cook --que estudió el fenómeno-- indican que en la Argentina se envía un promedio de 66 millones de mensajes de texto por día desde 17 millones de líneas de celular y que el segmento que más usa el servicio (Short Message Service, popularizado por su sigla SMS) es el de los menores de 25 años. El efecto de la tendencia se nota sobre todo en las escuelas, donde el timbre del recreo desata la fiebre de los mensajes.

También está el mismo ambiente social que condiciona a los chicos: un chico que todos (o casi todos) sus conocidos van teniendo un teléfono celular para "comunicarse" entre ellos hace que él mismo le pida a sus propios padres que le compren uno para "no quedarse afuera".

Por otro lado, ya hay gente que se ha hecho adicta a los mensajes de texto. Son aquellos que no pueden soportar que no le contesten inmediatamente un mensaje que hayan enviado, ya que interpretan esa actitud de su interlocutor como un desprecio; también les pasa de ponerse inquietos si se encuentran en alguna zona en donde el teléfono celular no tenga señal, lo cual le impide "comunicarse".

No quiero decir tampoco que todos nos debiéramos deshacer de nuestros teléfonos celulares (sí, confieso que yo tampoco soportaría estar "fuera del mundo"). Lo importante es no volvernos locos por este consumismo voraz que contraemos en este loco mundo, esto de caer presos en querer todo ya, el no saber esperar, el querer tenerlo todo. Es bueno preguntarse a uno mismo hasta qué punto su propio teléfonocelular está al verdadero servicio de uno mismo y hasta qué punto uno se esclaviza de ese aparatito...


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