domingo, 11 de mayo de 2008

Demasiado tarde para lágrimas

En su propio estadio, San Martín de San Juan fue derrotado 1-2 por Lanús, el último campeón del fútbol argentino complicando severamente sus chances de permanecer en la Primera División.

Comparando con las últimas fechas, el equipo sanjuanino mostró una leve mejoría en su juego, aunque su falta de contundencia y sus propias inseguridades en el epílogo del cotejo hicieron que en el marcador final no se cristalizara la superioridad del Verdinegro. Sí, San Martín no mereció perder pero, como ya se sabe, en el fútbol no cuentan los merecimientos sino que es fundamental la eficacia para capitalizar las chances de gol. Los dirigidos por "Téte" Quiroz adolescieron del temple necesario para sostener un resultado que les fue favorable durante casi todo el partido.

Martín Bravo adelantó en el tanteador a San Martín con una precisa definición ante la salida de "Chiquito" Bossio ante la algarabía del público local. Lanús contó con alguna oportunidad para empardar el marcador pero no estuvo fino a la hora de concretar.

En el segundo tiempo, San Martín fue para adelante sin mucha claridad ni mucho menos precisión a la hora de marcar. Se lo perdió Luis Tonelotto en un par de ocasiones; hubo un claro penal no cobrado a Bravo (a la postre, el mejor jugador del Verdinegro) que hubiera sentenciado la historia.

Cuando ya faltaban un par de minutos para el final, fue doloroso ver como la hinchada de San Martín empezó a celebrar por anticipado una victoria que en ningún momento pareció estar ya sellada. Increíblemente (o no tanto) Lanús tuvo dos oportunidades claras que aprovechó como no hizo San Martín y dio vuelta el partido dejando impávido a todo el Pueblo Viejo. Derrota y desconsuelo.

Aunque matemáticamente quede una tenue luz de esperanza, la suerte de San Martín parece estar echada: es inminente la pérdida de categoría. Tampoco es para llegar a los límites de histeria que le impregnan muchos periodistas deportivos como si se tratase de un drama en donde estaría en juego la vida misma, esto es solo un juego en donde se gana y se pierde. Claro que a nadie le gusta perder, pero hay que tener la hombría de bien para saber aceptar la derrota como una circunstancia misma de todo juego.

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