sábado, 3 de mayo de 2008

"Cristina en la tierra de hacer creer" (*)

Desvanecidas las esperanzas de cambios, la nueva Presidente de Argentina está liderando su país hacia el peligro de conflicto social y económico.

El año pasado, obtuvo una fácil victoria electoral en las elecciones presidenciales con la promesa de mantener el impresionante crecimiento económico de la Argentina, aliviando las tensiones sociales y reconstruyendo las relaciones con otros países. Tal solo a cinco meses de haber sucedido a su esposo, Néstor Kirchner, en la Casa Rosada, el país está peor. Actualmente, su gobierno muestra desorden. Ha provocado una rebelión fiscal de parte de los agricultores. EL 24 de abril perdió su cara nueva más importante cuando Martín Lousteau renunció como Ministro de Economía por un desacuerdo político. El precio de los bonos argentinos ha caído debido a que los inversores han perdido confianza en el gobierno argentino.

Cuando la economía argentina empezó a crecer en un 8% desde 2003, recuperándose de problemas financieros anteriores, el Sr. Kirchner ganó en popularidad. Le ayudó el record de alzas en los precios de las exportaciones agropecuarias que favoreció la economía, aunque con gran aumento del gasto público y una moneda subvaluada. Debido a las preocupaciones por la inflación, determinó congelar precios y dominar la confección del índice de precios al consumidor.
Durante su campaña electoral, Cristina hizo creer a varios analistas políticos que sería más moderada que su marido combativo. Pero todas esas expectativas fueron rápidamente desvanecidas. Ella ha mantenido la mayoría de los ministros que estuvieron con su esposo, sus políticas y su retórica. De acuerdo a cálculos no oficiales, la inflación es del 25% anual (mientras que las estimaciones oficiales son del 9%).

La Señora Fernández muestra muy pocas señales de poner controlar la suba de los precios. Aparentemente, el erro de Lousteau fue intentar restaurar la credibilidad del índice de precios. Su reemplazante, Carlos Fernández, parece que será una "no-entidad" (¿será una forma inglesa de decir "no existe"?). En la práctica, Kirchner seguirá teniendo a su cargo la política económica. "Nosotros no queremos un enfriamiento de la economía porque eso acarrea desempleo, pobreza, exclusión y concentración de la riqueza", declaró en recientemente en un acto del Partido Justicialista.

Sin embargo, el sobrecalentamiento de la economía y la inflación le están trayendo todos estos males a los argentinos, y si no son reconocidos se llevará mucho tiempo para solucionar esta situación. Las consultoras han dejado de medir cifras de pobreza. Tomando estimaciones indepedientes, los índices de pobreza han crecido desde un 27% en el año 2006 hasta un 30%, con 1.300.000 argentinos cayendo en la pobreza en el último año, de acuerdo a unas estimaciones de Ernesto Kritz, un economista laboral.

Para domar la inflación y estabilizar la economía, el Gobierno necesita que el peso se valorice, frenar el crecimiento del gasto y los subsidios a la energía, y aumentar los tipos de interés. Cuanto más se pospongan, más dolorosas e impopulares se convertirán estos ajustes.

La Sra. Fernández está en una posición de popularidad más débil de la que tenía su esposo anteriormente. Varios sondeos de opinión dan un índice a aprobación de solamente un 35%. La Sra. Kirchner utiliza las transferencias de fondos fiscales a gobernadores e intendentes para comprar sus adhesiones. Pero le está costando cada vez más.

Sorpresivamente, lo que la Sra. Fernández respondió la mostró con un marcado autoritarismo. Ella acusó a los agricultores de actuar su propia codicia y de querer llevar a cabo un golpe militar. El Gobierno envió a sus piqueteros a atacar a los campesinos y sus partidarios. pero eso fracasó. "Cristina logró en tres semanas lo que costó lograr en más de 50 años: unir a la gente del campo" dijo Gustavo Martínez, de la Universidad El Salvador de Buenos Aires. Los agricultores dejaron sus protestas para poder dialogar. El gobierno parecía que intentaría volver atrás.

Incluso en política exterior, en la que el señor Kirchner no mostró interés, la Sra Fernández ha tenido poco éxito. Expresó su deseo de mejorar las relaciones con los Estados Unidos que se había enfriado por la complicada financiación de su campaña embrollo. El año pasado, los funcionarios de aduanas en un aeropuerto de Buenos Aires incautaron 800.000 dólares en efectivo que se trajo a Guido Antonini de Wilson, un venezolano-americano que había llegado en un avión privado alquilado por el gobierno argentino. Fiscales estadounidenses dijeron que cinco hombres habían amenazado a Antonini Wilson y que habían pruebas de que ese dinero era para su campaña presidencial.

La Presidente culpó al gobierno de los Estados Unidos, por lo que ella llamó "una operación de basura" en su contra. Una visita prevista a Europa el mes pasado se vieron reducidas a causa de las protestas de los agricultores. Si bien la inversión extranjera se vierte en la vecina Brasil, la Sra. Fernández no ha hecho nada para asegurar a los inversores de que puedan beneficiarse con políticas previsibles. El gobierno firmó un contrato para esta semana a $ 3,7 mil millones de tren de alta velocidad desde Buenos Aires a Córdoba, el primero de su tipo en América Latina, pero será pagado con deuda.

La Sra. Fernández tiene todavía suficiente tiempo como para corregir sus errores. Cuenta además con una oposición débil y dividida. Su esposo se instaló a si mismo como Presidente del Partido Justicialista, el aparato político más formidable de la Argentina (¿?). Pero el apoyo a la pareja se está reduciendo.

Después de su accidentado comienzo, la Sra. Fernández está siendo comparada con Michelle Bachellet, la también desventurada Presidente del vecino país Chile, con quien es amistosa. Pero, al fin de cuentas, Bachellet comete sus propios erroes. En buenos Aires se sospecha que los errores que comete la Sra. Fernández se deben a la testarudez de su marido, aunque sea una característica que se comparten ambos. "La edad de oro de los Kirchner se acabó" dice Sergio Boreztein, analista político. "Ahora ellos se tienen que acostumbrar a eso".

(*) Artículo publicado por el semanario inglés The Economist.
Traducción: Cerro Mecedario

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