sábado, 22 de marzo de 2008

22 de marzo: Día Mundial del Agua

Hoy celebramos preocupados el Día Mundial del Agua, con la dura realidad de que la población mundial sigue creciendo vertiginosamente, con escasos niveles de educación sumada a la perversión que ostentan los más poderosos de este planeta que hacen que la riqueza se distribuya cada vez más inequitativamente.

La humanidad está demandando cada vez más agua y recursos hidroenergéticos para poder vivir aunque, a decir verdad, el agua no se utiliza racionalmente. "Durante el último siglo la población mundial se ha triplicado mientras que el consumo de agua se sextuplicó. Mayor población supone mayor demanda de energía y de hidroelectricidad”, revela el informe de la Confederación Nacional de Docentes Universitarios (Conadu).

Más que escandalizarnos por los excesos cometidos por los demás y hacer hincapié en panoramas oscuros, desde este blog llamamos a la acción en positivo. Se hace preciso que el cambio empiece por uno mismo: evitar toda pérdida de agua en el hogar, cuando se lava cualquier cosa en casa racionalizar el agua que sale de los surtidores, evitar desperdiciar demasiada agua cuando uno se toma un baño, etc.

"Uno de los mayores retos que afronta la humanidad es mejorar el bienestar de los 2.600 millones de seres humanos –el equivalente a la mitad de la población del mundo en desarrollo– que carecen de acceso a saneamiento básico. A pesar de que en todo el mundo crecen los índices de difusión del saneamiento y a pesar de los notables esfuerzos de los gobiernos y la comunidad internacional, el ritmo de avance hacia el objetivo de desarrollo del Milenio de reducir a la mitad el porcentaje de la población que carece de acceso sostenible a agua potable y saneamiento básico, ha sido lento y desigual. Según el Informe sobre los objetivos de desarrollo del Milenio de 2007, se calcula que 1.600 millones de personas deberían lograr acceso a mejores instalaciones sanitarias en el periodo de 2005-2015 para que se alcanzase la meta de este objetivo en lo referente a saneamiento. Si se mantienen las tendencias vigentes desde 1990, es probable que el mundo no llegue a ella por un margen de casi 600 millones de personas.

El acceso a agua potable y servicios básicos de saneamiento es un requisito sine qua non para alcanzar los objetivos de desarrollo del Milenio relativos a la pobreza, la salud, el género y la sostenibilidad medioambiental. La mejora del saneamiento tendrá repercusiones positivas tanto en la salud humana como en el medio ambiente." (Koichiro Matsuura, Director General de la UNESCO)

La Asamblea General de las Naciones Unidas adoptó el 22 de diciembre de 1993 la resolución A/RES/47/193 por la que el 22 de marzo de cada año fue declarado Día Mundial del Agua, a celebrarse a partir de 1993, en conformidad con las recomendaciones de la Conferencia de la Naciones Unidas sobre Medio Ambiente y Desarrollo contenidas en el Capítulo 18 (Recursos de Agua Dulce) de la Agenda 21. El Día Mundial del Agua se origina en la Conferencia de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente y el Desarrollo en Mar del Plata, Argentina en 1992, después de la cual, La Asamblea General de las Naciones Unidas adoptó el 22 de febrero de 1993 la resolución A/RES/47/193 por la que el 22 de marzo de cada año, fue declarado Día Mundial del Agua.

Se invitó entonces a los diferentes Estados a consagrar este día, en el marco del contexto nacional, a la celebración de actividades concretas como el fomento de la conciencia publica a través de la producción y difusión de documentales y la organización de conferencias, mesas redondas, seminarios y exposiciones relacionadas con la conservación y desarrollo de los recursos hídricos así como con la puesta en práctica de las recomendaciones de la Agenda 21.

La agenda 21 aborda los problemas acuciantes de hoy y también trata de preparar al mundo para los desafíos del próximo siglo. Refleja un consenso mundial y un compromiso político al nivel m s alto sobre el desarrollo y la cooperación en la esfera del medio ambiente. Su ejecución con éxito incumbe, ante todo y sobre todo, a los gobiernos. Las estrategias, planes, políticas y procesos nacionales son de capital importancia para conseguir esto. La cooperación internacional debe apoyar y complementar tales esfuerzos nacionales.

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