sábado, 16 de febrero de 2008

"Papeleras, patoteos y papelones"

Por Malú Kikuchi

Si nuestra Argentina tuviera políticas de estado; si nuestra Argentina respetara los acuerdos y protocolos firmados; si nuestra Argentina viviera un pleno estado de derecho; si nuestra Argentina fuera en serio "un país en serio" no sólo como eslogan electoral; si, si... pero no.

Patoteamos a un vecino país hermano, hacemos papelones internacionales y hablamos de papeleras cuando se trata de plantas de celulosa. ¡Ni en el idioma somos correctos! Las "papeleras" --que no son tales-- son plantas de celulosa, tienen demasiadas aristas y el tema es complejo. Lo mejor es ir a los hechos.

Hechos. El Banco Mundial otorga un crédito de U$S 1.800 millones a dos empresas europeas, la española ENCE y la finlandesa BOTNIA, para establecer sendas plantas de celulosa en las cercanías de Fray Bentos, en el vecino país, frente a Gualeguaychú, provincia de Entre Ríos; río Uruguay de por medio. Río que compartimos. Inversión importantísima, que no compartimos y promete muchos puestos de trabajo... para la República Oriental del Uruguay.

Hechos. De un lado, Gualeguaychú y su gente, los intendentes ribereños, las ONG ambientales, la provincia de Entre Ríos y el gobernador Busti, casi todos los medios y hasta el gobierno Federal, gritan: "¡contaminación!". Exigen parar la construcción de las plantas. Para presionar, cortan los puentes internacionales que unen a los dos países. Hecho que configura un delito que no sólo afecta a los uruguayos sino que también lo hace con los argentinos que pretenden viajar al Uruguay. Sostienen que el estudio sobre impacto ambiental que se hizo a pedido del Banco Mundial, es "trucho" (¿?) Es sabido que el Banco Mundial, subjetivismos de lado, es sumamente cuidadoso en el tema ambiental.

Hechos. Todas las plantas de celulosa, contaminan. Toda acción humana tiende a la contaminación. Al aparecer, sobre el planeta la especie humana es, en sí misma, un impacto ambiental. El hombre es el único animal capaz de modificar la naturaleza para ponerla a su servicio. Al hacerlo, contamina. Pero también tiene la inteligencia suficiente, y ahora los conocimientos necesarios, como para minimizar el impacto negativo. Las modernas plantas de celulosa, las llamadas de "generación verde", contaminan en cantidades absolutamente inocuas. A esa generación pertenecen las plantas que se construyen en el Uruguay.

Hechos. ¿Si las plantas de celulosa contaminan, aunque sea poco (y luego esa poca contaminación se remedie), para qué necesitamos celulosa? Porque consumimos papel para comunicarnos, a través de medios gráficos y computadoras; porque usamos papel para todo aquello que tenga que ver con el "packaging" y, en este último caso, sólo se lo podría reemplazar por plástico y sería inconmensurablemente más dañino e imposible de remediar. Mientras usamos papel, forestamos. Y forestar es la mejor manera de mantener limpio el ambiente. Los árboles son seres mágicos que tragan anhídrico carbónico y nos devuelven oxígeno. La magia de los árboles nos permite respirar. Los países altamente contaminantes pagan su pecado ambiental, forestando. Es un acuerdo internacional, se contamina en Arkansas y se plantan árboles en Paraguay. Se llaman bonos verdes y ayudan a paliar los excesos industriales. Además, las forestaciones son la prueba tangible del desarrollo sustentable. Es decir, se puede hacer uso de los recursos naturales renovables siempre y cuando no los agotemos. Se planta, se tala, se vuelve a forestar. Y el equilibrio de la naturaleza se respeta.

Hechos. La Unión Europea no permite construir a ninguno de los países que la integran, plantas fuera de su territorio que no cumplan con los mismos requisitos que en sus naciones. España y Finlandia, forman parte de la Unión Europea. Se ha calificado a Finlandia como el primer guardián del cuidado ambiental del planeta. También es el país que figura primero en todas las encuestas de honestidad y transparencia. Finlandia es el país con más plantas de celulosa en toda la UE. ¡Hay 19! Y las 19 tienen totalmente controlada la contaminación. La calidad de vida de los finlandeses es envidiable.

Hechos. La celulosa se obtiene de la madera. El procedimiento es relativamente simple. Acá se usan eucaliptus, (se calcula que el Uruguay, desde la ley de forestación de 1987 del presidente Sanguinetti, está en condiciones de proveer la madera necesaria para varias plantas de celulosa, estas dos van a fabricar más pasta de celulosa que todas las plantas argentinas sumadas). Se separa la corteza de la madera, ésta es tratada con químicos, se convierte en fibra, se la pasa por una especie de cedazo y la pulpa resultante, llegado el caso, se plancha y se convierte en papel. El tema son los químicos. Hasta finales de los 80 sólo se usaba cloro elemental para blanquear la pasta. El cloro es altamente contaminante, libera dioxinas. (Fuera de las plantas de celulosa, en Argentina, usamos cloro para potabilizar el agua y en la lavandina con la que limpiamos y desinfectamos a nivel doméstico. Nunca nos han medido el impacto ambiental hogareño). A partir de 1993, por ley, Finlandia establece que las plantas deben estar a 5 kilómetros de distancia de las zonas habitadas (Fray Bentos está a 5 kilómetros de las dos plantas y Gualeguaychú a 27 kilómetros) y deshecha el uso de cloro elemental para usar dióxido de cloro, muy poco contaminante. Esa mínima contaminación se remedia luego debidamente. La UE exige que todas las plantas de celulosa usen dióxido de cloro a partir de 2007. Las dos plantas que se construyen en el Uruguay lo hacen bajo las normas que regirán en la UE desde 2007. ¿Dónde está el problema? El problema es que existe otro sistema de producción de celulosa sin usar cloro. Ese es el sistema que exige Greenpeace para las plantas.

Hechos. El sistema sin nada de cloro, también tiene sus problemas. Al no usar ni siquiera dióxido de cloro, se usan otros químicos que son igualmente poco contaminantes, pero que contaminan. Además, al no usar blanqueadores, el papel que producen no tiene aceptación porque no sirve para imprimir o escribir sobre él. Sirve para embalaje. De manera tal que de las 19 plantas de celulosa que hay en Finlandia, 17 usan dióxido de cloro y sólo dos, nada de blanqueadores. Greenpeace, como cualquier entidad o ciudadano tiene derecho a expresar sus opiniones, pero la política exterior de una Nación, se supone, la debe manejar el Gobierno Nacional y no una ONG.

Hechos. La gente sostiene, inducida por la locura generalizada, que los europeos instalan sus plantas en el sur porque contaminan y no quieren contaminarse ellos. La simple verdad es que a los europeos no les alcanzan los bosques que tienen para producir todo el papel que necesitan. Nosotros tenemos forestaciones aptas para pasta de celulosa y es mucho más económico exportar la pasta que exportar la madera.

Hechos. Así como Finlandia es el país con mejor imagen en cuanto a cuidado ambiental y la UE es la región del planeta más "ecológica", el Uruguay es el país de Latinoamérica que se lleva el premio en normas ambientales. "Uruguay, un país natural". ¿Estarán dispuestos a contaminarse y contaminar? ¿No ha hecho el Uruguay, un país muy, pero muy serio, ningún estudio de impacto ambiental? Es difícil de creer.

Hechos. De este lado del río Uruguay, en nuestra Argentina, con una larga tradición en plantas de celulosa (hoy tenemos 10), según Juan Carlos Villalonga, de Greenpeace, tenemos 10 problemas; hoy no se habla de cloro, ni de dióxido de cloro, ni de métodos sin blanqueadores. ¿No contaminan nuestras plantas de celulosa? ¿No arrojan con o sin tratamiento los desechos de las plantas a los ríos que compartimos con los vecinos? Nuestras plantas no pertenecen a la generación verde. ¿Por qué no investigamos? Nos estamos contaminando, pero ¿a nadie le interesa si la contaminación proviene del territorio nacional? ¿Adherimos a la contaminación patriótica?

Hechos. ¿Qué pasaría si la República Oriental del Uruguay nos exigiera que limpiáramos el Riachuelo que desemboca en el Río de la Plata, río que compartimos? Conste que en la Asamblea de 1813 se hace referencia a "los saladeros que arrojan las visceras de los animales al Pequeño Río y con sus hedores no dejan vivir a los vecinos". Es un hecho que casi 200 años no han sido suficientes para que solucionemos un serio problema ambiental, que nos afecta a todos los que vivimos en la cuenca del Matanza-Riachuelo-Río de la Plata. ¿Y si, como quiere nuestro Presidente, consiguiéramos poner en marcha la planta atómica de Atucha II, paralizada durante 20 años, lo que la convierte en altamente peligrosa y causáramos un desastre tipo Chernobyl que afectara a nuestros vecinos? Esta posibilidad preocupa seriamente al Uruguay.

Hechos. La Argentina tiene forestadas en el litoral unas 150.000 hectáreas y, sumando Jujuy y Tucumán, se podría llegar a casi 200.000 hectáreas (sin contar la provincia de Buenos Aires). Un buen capital en madera. Un buen capital en trabajo para los argentinos. Siempre y cuando establezcamos reglas de juego claras, iguales para propios y extraños; aseguremos un real estado de derecho y nos dispongamos a cumplir tratados ya firmados.

Hechos. En marzo de 2004, el canciller argentino Rafael Bielsa y el canciller uruguayo Didier Operti (gobierno del presidente Battle), firmaron un protocolo declarando "solucionado el diferendo sobre las plantas de celulosa". ¿Qué pasó? ¿No sabía nuestro ex canciller lo que firmaba?, ¿No fue bien asesorado?, ¿El hecho que tanto Bielsa como Operti no sean más cancilleres de sus respectivos países invalida el protocolo?

Hechos. Un hecho positivo, coherente, razonable e internacionalmente aceptable, sería que nuestro gobierno nombrara un grupo pequeño, prestigioso y muy conocedor del tema, tres o cuatro personas reconocidas mundialmente, que establecieran los parámetros ambientales que estemos dispuestos a tolerar. Que luego estudiaran el nivel de contaminación que produjeran las plantas y sentaran jurisprudencia al respecto. Si se comprobara que todo está en orden y fuera aceptable para Argentina, bien. En ese caso, honorablemente, pidamos disculpas. Si no lo fuera, apelemos a los organismos internacionales. Como lo haría cualquier país civilizado, sin cortes de puentes ni puebladas. Y las reglas establecidas, iguales para todos. Para las plantas extranjeras que pudieran afectarnos, o no, y para las que ya existen en territorio argentino, que seguramente, nos afectan. Para todas.

Hechos. Hay países que permiten que determinadas industrias contaminen más de lo tolerable, el nuestro es uno de ellos. Desgraciadamente, la contaminación se globaliza y no se circunscribe al lugar que la genera. La contaminación tiene nacionalidad, lo que no tiene son fronteras.

El gobierno tiene la palabra.

1 comentario:

mario dijo...

¡Excelente artículo!

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