domingo, 3 de febrero de 2008

El acuerdo Kirchner - Lavagna, otra gran estafa al pueblo

Con el pretexto de la "normalización" del Partido Justicialista que tanto pregonan las huestes kirchneristas, por estos días se supo del acuerdo ¿sorpresivo? que suscribieron el ex Presidente de la Nación, Néstor Kirchner y su ex Ministro de Economía y ex opositor, Roberto Lavagna.

Atrás quedaron los tibios dardos que tiró Lavagna al rumbo económico del entonces Presidente Kirchner en plena campaña electoral, atrás quedó su rol opositor al que miles de ciudadanos confiaron con su voto en los últimos comicios presidenciales que consagraron a Cristina Fernández como Presidente. Este acercamiento es una traición de Lavagna al electorado que depositó su confianza en él.

El Diario Perfil propone una teoría interesante sobre este "repentino" acercamiento afirmando que, tras el insólito episodio de la bolsa "olvidada" por la ex Ministro de Economía y sucesora de Lavagna, Felisa Miceli, se gestó un pacto de no agresión entre Néstor Kirchner y Roberto Lavagna para que el caso no pasara a mayores y que ambos quedaran comprometidos con este escándalo. Miceli fue parte del equipo de Lavagna cuando éste lideró el Palacio de Hacienda.


¿Y ahora de qué te disfrazás, U.C.R.?

Este gesto de Lavagna es también un fuerte desaire a la Unión Cívica Radical, que se plegó a la candidatura presidencial del ex ministro de Duhalde y Kirchner, en vez de apostar a una propuesta joven e innovadora que surgiera de las filas de la Juventud Radical. Este partido puso a disposición toda su estructura partidaria para elaborar una alternativa opositora al kirchnerismo.

Desde mediados de la década de los 90, la U.C.R. muestra un andar errático que incluyó la firma del Pacto de Olivos que allanó la reelección del ex Presidente Carlos Menem, la alianza impresentable que hizo con el Frente Grande, el frente P.A.I.S. liderado por José Octavio Bordón y otros partidos provinciales con los que llegó al gobierno y naufragaron penosamente en el 2001.

En medio de todos esos años, este partido centenario sufrió una sangría de dirigentes que resintieron aún más su estructura y su peso específico dentro del electorado nacional. Los casos más resonantes fueron los de Elisa Carrió y Ricardo López Murphy quienes optaron por crear sus propios partidos que, en realidad, fueron sus propios espacios personalistas.

Este desplante de Lavagna confirma la teoría de la excesiva fragilidad de las alianzas electoralistas: este caso es uno más entre cientos de alianzas que se caen como castillo de naipes con el correr del tiempo. Y muestra también la lamentable desorientación de un partido tradicional de la escena democrática de la Argentina como es la U.C.R..

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