martes, 11 de diciembre de 2007

Néstor Kirchner ahora: ¿el poder atrás del trono?

Parafraseando una de las máximas del (lamentablemente) siempre vigente y genial Maquiavelo: "el verdadero poder está atrás del trono", refiriéndose a que quienes tienen el investidura de gobernante no son verdaderamente los dueños del poder, sino que son quienes están detrás de él/ella y que digitan sus decisiones desde las sombras.

"El cambio recién empieza" era el slogan de campaña de la actual Presidente, el cual puede tener más de una interpretación: puede que a partir de este mandato se puedan ver los efectos de las reformas kirchneristas ¿?. Porque no habrán mayores cambios, ya que Fernández continuará la línea impuesta por su marido en el periodo precedente y hasta muchos de los funcionarios de Kirchner continuarán cercanos al poder.

Queda por dilucidar el rol que tendrá en más el ahora ex presidente Kirchner dentro del gobierno del Frente para la Victoria. Como si la foto que ilustra este post reflejara lo que fuera a pasar, vemos al mandatario saliente que no suelta todavía el bastón presidencial, a pesar de que su esposa ya tomó posesión de ella.

Habrá que ver si las decisiones políticas serán propiedad de la Presidente o si, tras bambalinas, sea su marido quien disponga sobre el rumbo de la Argentina. Es cierto que, más allá de las sospechas de fraude de la oposición, el electorado argentino avaló largamente el modo de gobernar de Néstor Kirchner. Acaso fue como una reelección encubierta. Pero eso tampoco significa un cheque en blanco como, en la práctica, toma el oficialismo.

La capacidad de gobierno de Fernández: toda una incógnita


Cristina Fernández supo ganar su protagonismo en el Poder Legislativo Nacional en la década del 90 y más aún cuando ya era la esposa del Presidente de los Argentinos, merced a un gran oportunismo para manejarse, sabiendo manejando hábilmente los tonos de sus discursos, no tan así los contenidos.

Si uno repasa las últimas campañas electorales que le permitieron acceder al poder, tanto a la banca del Senado representando a la Provincia de Buenos Aires como la más reciente para llegar a la Presidencia, se observa las ausencias de planes de gobierno. Sus palabras eran efectistas, abundantes en eufemismos y con nulo debate de ideas. Al igual que su marido, al igual que la inmensa mayoría de los poderosos de este mundo, con una soberbia a prueba de balas.

Poco sirvieron para torcer esta imagen, las estratagemas oficiales por mostrar a una candidata de alto vuelo intelectual reuniéndose con las principales personalidades del mundo actual, en donde sus declaraciones naufragaron en la indiferencia del "Primer Mundo". También fue penoso su discurso en el cierre del Segundo Congreso Internacional de Filosofía que se desarrolló en la Ciudad de San Juan, cuando vanamente quiso presumir de algo que no le cabe.

Por el bien de los argentinos, ojalá esta gestión que está amaneciendo sea verdaeramente exitosa. Pero, analizando detenidamente a quienes tienen la delicadísima misión de dirigir los destinos de la Nación, uno tiene el derecho a dudar (y temer) seriamente.

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