domingo, 16 de diciembre de 2007

Boca Juniors chocó contra su realidad (y la del fútbol argentino)

Hoy, en las primeras horas horas de la mañana, la inmensa afición boquense fue testigo de la derrota (2-4) del Club Atlético Boca Juniors en la final de la Copa Mundial de Clubes a manos del poderoso AC Milan de Italia.

El Milan fue un justo ganador de la final y basó su superioridad sobre el equipo argentino en la abismal diferencia de jerarquías individuales que marca el conjunto italiano. La diferencia en el marcador podría haber sido más abultada tal vez. Filippo Inzaghi en dos oportunidades, Alessandro Nesta y el gran Kaká marcaron para el conjunto milanista, mientras que Rodrigo Palacio (empate transitorio) y Massimo Ambrossini (en contra) fueron los autores de los tantos de los xeneizes.

El partido arrancó parejo y disputo entre ambos equipos, terminando el primer tiempo en igualdad de un tanto. En el segundo tiempo, el Milan salió con más decisión a buscar el partido y empezó a hacer pesar sus individualidades, su experiencia y, más que nada, el gran oportunismo para capitalizar las chances que tuvo en el arco defendido por Mauricio Caranta.

Párrafo aparte para el merecido festejo post partido de la escuadra milanista: no resulta muy creíble cuando el mundo del fútbol europeo minimiza en la previa la importancia del Mundial de Clubes y de la ya desaparecida Copa Intercontiental. Tal como sucedió en este certamen, los jugadores italianos declararon que este torneo les importa más a los sudamericanos que a ellos que no le dan tant importancia; pero cuando uno los vé festejar un triunfo, se nota que no es poca la ponderación que le dan a este tipo de torneos.

¿Los argentinos somos los mejores del mundo?

Uno de los grandes problemas que tenemos los aficionados argentinos es creernos los mejores del fútbol antes de jugar un partido. Nuestro propio egocentrismo nos mata, porque solo vemos las virtudes propias pero no acostumbramos a reparar en la jerarquía de jugadores y equipos de otras latitudes, especialmente de Europa y Brasil. Y después, así son las decepciones, las tristezas y el karma de ser los eternos "campeones morales", acusando de las propias derrotas a manos negras ¿? Presidentes de la FIFA ¿?, complots en contra ¿?, árbitros ¿?, etc.

La derrota de Boca en Japón nos sirve de muestra de como está el nivel del fútbol argentino (y el americano) actualmente. Los campeonatos argentinos están evidentemente decayendo en su nivel. Es muy notoria la diferencia de jerarquía entre los clubes de Europa y los de América y es por ello que la clara victoria del Milan no debería sorprendernos.

Lo de Boca Juniors fue digno porque intentó pelear hasta donde pudo, no dándose por vencido aún cuando el trámite del partido le era claramente desfavorable. El mejor del equipo argentino fue el experimentado Hugo Ibarra, quien fue el abanderado de la (insuficiente) resistencia boquense y, a pesar de haberse lesionado promediando el segundo tiempo, tuvo la posibilidad de empatar el partido gracias a una arremetida personal cuando remató y dio en el palo del arco de Dida; también fue rescatable el ímpetu de Martín Palermo quien, a pesar de sus limitaciones técnicas, fue a buscarlas a todas. Éver Banegas mostró pinceladas de su calidad (¿de cabotaje?), pero no pudo estar a altura de la final. Lo de Palacio dejó que desear, por más que los cronistas se empeñen en decir lo contrario, su nivel sigue estando lejos del que le dio la posibilidad de integrar el plantel del Seleccionado Argentino en el Mundial de 2006.

Aún así, nos guste o no nos guste, hoy por hoy, Boca Juniors es de lo mejor que el fútbol argentino tiene para competir internacionalmente. El pobre nivel exhibido por este equipo argentino es un fiel reflejo del nivel del fútbol nuestro de cada día...

¿Folklore de las hinchadas? o ¿la estupidez de las masas?

Tal como sucede en este este tipo de acontecimientos, una derrota de determinado un equipo argentino es gozado por las hinchadas rivales como si fuera un triunfo propio. Seguramente muchos hinchas de River (y de alguna otro equipo más) habrán sonreído con la goleada sufrida por Boca Juniors en Japón. Sí, hubiera sucedido lo contrario en caso de un triunfo xeneize: todos los simpatizantes boquenses habrían disfrutado gritándole en la cara su logro a los hinchas de otros equipos, en especial a los del club de Núñez.

Este tipo de rivalidades mal entendidas se más que nada en el público argentino y no en otros lugares del mundo. A muchos periodistas les simpatiza este "folklore" ¿? y lo alientan desde sus micrófonos y desde sus crónicas escritas.

Pero esas malditas costumbres no hacen más que generar odios, mucha envidia, divisiones... y violencia en las tribunas de las canchas (afuera de los estadios también). Este tipo de goces son burlas que son para humillar al vecino que simpatiza por otro club.

Sería bueno cambiar la mentalidad del hincha argentino. Está claro que a todos nos gusta ganar y es obvio que a nadie le gusta perder; pero hay que aprender a ser caballeros en la derrota también, algo que los argentinos no sabemos ser. En los momentos de derrotas, es lamentablemente común ver en los equipos argentinos con lágrimas en los ojos, evitando hacer declaraciones a la prensa, y no teniendo el noble gesto de reconocer la eventual superioridad del ganador ni, mucho menos, felicitar al triunfador. Estas actitudes observadas por nuestros futbolistas son acaso espejo de lo que los argentinos somos como sociedad.

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