miércoles, 10 de octubre de 2007

Lo' atamo' con alambre, lo' atamo'

La inflación es un fenómeno que flagela las economía argentina. Es algo evidente para todos los ciudadanos de nuestro país, menos para el oficialismo nacional (y todos los obsecuentes sanjuaninos que para estas elecciones se agarran de las polleras de Kristina).

Si no se reconoce la enfermedad, los argentinos no podemos esperar que la Administración Kirchner promueva acciones de fondo para contrarrestar el alza sostenido en los precios.

Lamentablemente, como era de esperarse, junto con la inseguridad, la inflación es un tema ausente en los discursos de campaña del oficialismo.

No es de un presidente serio, que la forma de brindar soluciones a un problema tan acuciante sea decir "no compremos artículos caros". No es serio que sus partidarios respondan a la escalada de precios lanzando un "boicot al tomate". No es serio que nuestro Presidente amenace a los bancos ante los medios de comunicación diciendo que "no suban las tasas porque sino tomaremos nuestras medidas".

No es serio que se evite el aumento en las tarifas firmando "convenios" en donde las empresas se comprometen a "no subir los precios" hasta el 31 de diciembre ¿y después?. Dadas las alzas del petróleo en los mercados internacionales, se sabe que las petroleras presionan para elevar el precio de los combustibles acá en Argentina, con todo el efecto multiplicador negativo que eso tiene para la economía; ante ésto, la Administración Kirchner responde con amenazas mediáticas o mandando a sus patoteros a escrachar empresas.
La inflación tiene una explicación compleja, responde a diversos factores que no son todos manejables. Es menester que el Estado tenga medidas concretas, a mediano y largo plazo, que ataquen la inflación para administrar esta crisis: sino, se vienen tiempos peores...

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